San Juan Eudes y la devoción a san José
Del 8 de diciembre de 2020 al 8 de diciembre de 2021 se celebra el Año de San José, según el deseo del papa Francisco. Su carta apostólica, titulada Patris Corde, tiene como objetivo hacer crecer el amor a este gran santo, impulsarnos a implorar su intercesión y animarnos a imitar sus virtudes y su entrega. «La grandeza de san José —escribe— reside en que fue el esposo de María y el padre adoptivo de Jesús». Por eso el papa nos lo presenta como un padre amado, un padre en la ternura, un padre en la obediencia, un padre en la acogida, un padre de valentía creativa, un padre trabajador y un padre en la sombra.
Es una alegría que, en su piedad y su enseñanza, san Juan Eudes nos haya legado un «tesoro» espiritual que también nos invita «a hacer crecer el amor a este santo, a implorar su intercesión y a imitar sus virtudes y su entrega». La Salutación a San José, las letanías y las múltiples oraciones que nos enseñó siguen siendo un patrimonio que debemos redescubrir y profundizar.
Es muy interesante encontrar en Internet diversos artículos que hacen referencia a la Salutación a San José compuesta por san Juan Eudes. Sin embargo, gracias al minucioso trabajo del padre Jean-Rémi Côté, tenemos acceso a la Biblioteca Eudista Virtual, donde podemos encontrar el notable estudio de nuestro hermano Charles Plomet, publicado en Montreal en 1982 en los Cahiers de Joséphologie. Somos herederos y depositarios de tesoros demasiado a menudo relegados al olvido. La mirada admirativa de nuestro fundador sobre las espléndidas realidades que revelan la persona y el papel único de san José puede acompañarnos no solo durante este año, sino a lo largo de toda nuestra vida.
San Juan Eudes deja que desborden la alegría de su corazón, su alabanza y su amor al contemplar este «misterio» de José dentro del de Jesús y María. A partir de algunos párrafos del estudio del padre Plomet, podemos «bendecir» al Señor por habernos dado un hermano que acogió tan plenamente esta maravillosa espiritualidad. Las líneas siguientes proceden principalmente de dicho estudio.
La salutación «Ave Joseph»
Con sus doce salutaciones y doce bendiciones, esta oración tiene un sabor bíblico. San José es honrado por sus relaciones privilegiadas con las tres Personas divinas: refleja en el tiempo al Padre eterno; es el padre legal del Hijo, a quien ama, alimenta y protege; el Espíritu Santo hace de él y de su casa un lugar sagrado que contiene un tesoro.
Hombre justo, José no deja de cooperar en el misterio de la salvación: es un colaborador en la fe, cabeza de la Sagrada Familia, esposo de la Virgen María y protector de toda la asamblea de los creyentes, especialmente de los hombres y mujeres consagrados a Dios. San Juan Eudes alaba el silencio y la pobreza de José. Incluso ante las acciones inesperadas y admirables de Dios, José es «silencioso»: no habla. Juan Eudes destaca las cualidades que contempla en el corazón de Jesús y de María: dulzura, paciencia, humildad y obediencia. San José las refleja; su conducta personal nos las propone como ejemplo. En 1956, el padre Émile Legault, c.s.c., llegó a titular «El gran atento» su inolvidable representación popular en honor de san José.
Por su relación con la infancia de Jesús, siguiendo a los místicos de su tiempo, en especial a san Bernardino de Siena y a san Francisco de Sales, san Juan Eudes bendice a Dios con una ternura llena de admiración por todo el ser de san José.
«Imagen de Dios Padre, padre adoptivo de Dios Hijo, templo del Espíritu Santo», José es amado por la Santísima Trinidad. Colaborador fiel en el plan de Dios, esposo dignísimo de la Virgen María, José es padre de todos los fieles, guardián de las vírgenes consagradas a Dios, fiel al silencio interior, amigo de la santa pobreza, ejemplo de dulzura y paciencia y el hombre bendito entre todos los hombres.
San Juan Eudes no duda en bendecir a Dios por todo lo que vieron los ojos de José, por todo lo que escucharon sus oídos, por sus manos que tocaron al Verbo encarnado, por sus brazos que llevaron a quien sostiene el mundo, por su pecho sobre el que descansó el Hijo de Dios y por su corazón abrasado de amor por él. A imagen de la Trinidad celestial del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, san Juan Eudes recuerda la «Trinidad terrenal» formada por la comunidad de María, Jesús y José: bendice al Padre eterno que lo eligió, al Hijo que lo amó y al Espíritu Santo que lo santificó. Saluda a María, su esposa, que lo amó como esposo y como hermano, al ángel que lo protegió y a todos los que lo bendicen y lo aman.
Las letanías
San Juan Eudes escribió diversas oraciones en latín en forma de letanías. Como las vidrieras de las iglesias y catedrales, estas letanías ofrecen una lectura de la historia sagrada, un reflejo de la revelación bíblica. Era una manera hábil de evangelizar al Pueblo de Dios, que no conocía las traducciones bíblicas en sus propias lenguas ni las ventajas de Internet y las redes sociales. Así llegaba a miles y miles de personas pobres o que no sabían leer y no tenían acceso a las publicaciones. San Juan Eudes retoma títulos de la salutación Ave Joseph, añade otros y los examina con mayor detalle. Los toma principalmente de los relatos de la infancia de Cristo e inventa metáforas poéticas para expresar las virtudes del santo y encomendar a su protección a distintos grupos de personas: los pobres, los afligidos, los trabajadores, los peregrinos, los sacerdotes y los fieles.
Los Santos Corazones
Habría sido sorprendente que san Juan Eudes —declarado por la Iglesia «padre, doctor y apóstol de la devoción litúrgica a los santos corazones de Jesús y María»— no hubiera asociado a san José con esta devoción. Así como había adorado a Jesús reinando en el Corazón de María, en 1652 san Juan Eudes modificó la antífona de maitines propuesta a la diócesis de París para la fiesta de san José con estas palabras: «Venid, adoremos a Jesús reinando en el Corazón de José». Para san Juan Eudes, José no puede separarse de Jesús y María. Presta una atención piadosa y respetuosa a san José, ante todo como el santo predilecto del Corazón de María. Ella sentía por él los afectos más delicados; juntos vivieron horas difíciles, pero también alegrías únicas. La presencia de Jesús transformaba cada vez más sus corazones y, con aquel que es la fuente de todo Amor, ya no formaban más que un solo Corazón.
San Juan Eudes reza así a san José: «Oh gran Santo, te ofrecemos nuestros corazones; únelos al tuyo y al de Jesús y María, pidiéndoles que hagan esta unión inviolable y eterna».
San Juan Eudes no compuso un tratado de la devoción a san José. Meditando, viviendo y predicando el misterio de Jesucristo que forma su cuerpo místico, descubre en él a Jesús y a los santos en Jesús. El lugar privilegiado de la Santísima Virgen entre ellos lo lleva a distinguir junto a ella a su esposo José. Porque el papel de este Justo respecto a María y al niño Jesús, en el designio de la Santísima Trinidad, es primordial: servidor fiel y prudente a quien Dios constituyó administrador de su casa, padre nutricio de su Hijo, auxiliar fidelísimo y gran consejero en esta tierra. «Oh bienaventurado José y todos los Santos de Jesús, especialmente los amados del Corazón de Jesús y de María, amad a Jesús y María por mí, y rogadles que me hagan según su Corazón, que me cuenten entre los hijos de su Corazón y que me asocien al amor que les tenéis eternamente».
+ François Thibodeau, c.j.m.
13 de diciembre de 2020