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Oración y meditación

Año de San José

Con la Carta apostólica Patris Corde (con corazón de padre), Francisco recuerda el 150.º aniversario de la proclamación de san José como Patrono de la Iglesia universal. Con este motivo, se celebró un « Año especial de San José » del 8 de diciembre de 2020 al 8 de diciembre de 2021.

— Vatican News

Les invitamos a consultar las grabaciones y los textos que hemos preparado para esta ocasión.

Grabaciones y textos

01 · Ave Joseph

San José, esposo de la Virgen María

El 19 de marzo celebraremos la solemnidad de san José, con lo que podría ser el subtítulo de un libro: san José, esposo de la Virgen María. San Juan Eudes lo destaca dos veces en su conocida oración « Ave Joseph »: « Te saludamos, José, esposo dignísimo de la Virgen Madre » y « Bendita sea María, tu esposa, que te amó como esposo y como hermano ».

Por Jean-Michel Amouriaux, c.j.m.

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02

San José, ejemplo de mansedumbre y paciencia

¿Cómo no relacionarlo con las palabras de su Hijo, Jesús, en el Evangelio según san Mateo: « Venid a mí todos los que estáis cansados, porque soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso »? (Mt 11,28) Son las mismas cualidades que se elogian en José: ¡de tal padre, tal hijo! José, ejemplo de mansedumbre y espejo de humildad; Jesús, manso y humilde de corazón.

Por Jean-Michel Amouriaux, c.j.m.

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Jean-Michel Amouriaux junto a una estatua de san José

03

San José, espejo de obediencia

Una de las grandes cualidades de José fue su obediencia. Aunque hoy se percibe a menudo como una limitación de la libertad personal, la obediencia resplandeció en su vida, como en la de María y Jesús. Es una cualidad que debemos redescubrir, desear y vivir.

Por Jean Michel Amouriaux, c.j.m. ·

Ave Joseph

Aprovechemos este tiempo para dar a conocer este aspecto de la espiritualidad de san Juan Eudes. Presentamos un trabajo realizado aquí: el texto Ave Joseph en cinco lenguas. Que san José bendiga este trabajo y nuestra Congregación.

Versión en 5 idiomas
San José con el Niño Jesús, cuadro de Guido Reni

04

San José en la escuela de san Juan Eudes

San Juan Eudes es uno de los autores que más desarrollaron una doctrina espiritual sobre san José. Este año dedicado a san José por el papa Francisco nos ofrece la oportunidad de darla a conocer mejor y beneficiarnos de la riqueza de su enseñanza.

Por Jean-Michel Amouriaux, c.j.m. ·

San José, cuadro de Guido Reni

05

San Juan Eudes y la devoción a san José

En su piedad y enseñanza, san Juan Eudes nos dejó un tesoro espiritual que nos invita a crecer en el amor a san José, implorar su intercesión e imitar sus virtudes y su entrega. La salutación Ave Joseph, las letanías y sus numerosas oraciones siguen siendo una riqueza que redescubrir y profundizar.

Por François Thibodeau, c.j.m. ·

San José, esposo de la Virgen María

El 19 de marzo celebraremos la solemnidad de san José, con lo que podría ser el subtítulo de un libro: san José, esposo de la Virgen María. Es lo que san Juan Eudes destaca dos veces en su conocida oración «Ave Joseph»: «Te saludamos, José, esposo dignísimo de la Virgen Madre» y «Bendita sea María, tu esposa, que te amó como esposo y como hermano».

Como sabemos, el rito del matrimonio judío se celebraba en dos etapas. Así lo muestran los textos:

En Lc 1, 26-27 se dice que la joven de Nazaret estaba «desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María». María y José ya están comprometidos el uno con el otro; este compromiso no puede disolverse sin un acta de divorcio, pero los prometidos todavía no viven bajo el mismo techo.

La segunda etapa del matrimonio es la celebración pública de las bodas, a partir de la cual comienza la vida en común. Imaginemos a la pareja bajo el dosel nupcial, bendecida siete veces por el celebrante, como la representan algunos iconos.

Las intervenciones divinas relatadas en los evangelios —en san Lucas para María y en san Mateo para José— tienen lugar entre las dos etapas: «Antes de empezar a estar juntos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo» (Mt 1, 18). Para pasar a la segunda etapa, el ángel anima a José y le revela el proyecto de Dios: «José, hijo de David, no temas recibir en tu casa a María, tu esposa, pues lo concebido en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1, 20-21).

Existe, por tanto, desde el principio un verdadero proyecto de vida entre María y José, pero Dios introduce entre las dos etapas la misión particular de esta pareja: acogerán al Mesías, al Hijo de Dios. Puesto que la primera etapa ya constituye un compromiso, hay un espacio seguro para su venida. Pero la realización de la segunda etapa será muy distinta: María y José cumplen una misión divina a través de su amor, de su matrimonio y de su familia. Acogen al Verbo encarnado.

La rica expresión «recibir en tu casa», que emplea el ángel, significa mucho más que una acogida material: es recibir con el corazón, de todo corazón, en el propio corazón. José recibe la misión de acoger en su casa a María, su esposa, de acoger en su paternidad al niño que nacerá y de darle su nombre, que revela su identidad: Jesús, Dios salva.

A san Juan Eudes le gustaba celebrar la fiesta de los desposorios de María y José; escribió su celebración, sus oficios y unas letanías. Para él, es el momento preciso en que el Hijo de Dios encuentra su lugar de vida: en el amor de María y José, en su casa, en su corazón.

El 19 de marzo, la Iglesia contempla esta relación entre María y José, este amor que acoge al Hijo de Dios. Es un amor casto en el sentido pleno de la palabra: la castidad significa una relación de gran calidad, sin dominio, sin superioridad, sin posesión; un amor que da vida al otro. Todos los discípulos de Jesús están llamados a vivir esta calidad de amor, cada uno según su estado de vida. A menudo se ha confundido la castidad con una serie de prohibiciones. ¡Qué malentendido! Es lo contrario: un amor intenso, verdadero, que considera siempre al otro como una persona y nunca como un objeto. Al papa Francisco le gusta hablar de la revolución de la ternura, una expresión que invita a amar intensamente, a imagen del amor de la Sagrada Familia, como cauce necesario para anunciar el Evangelio.

Este amor de María y José tiene la particularidad de ser un amor virginal. Su sentido tampoco es una restricción. María y José conocieron el mayor amor y la mayor comunión posibles en la relación con su hijo, Jesús, el Hijo de Dios. Esta relación colmó su ser y todos sus deseos, del corazón y de la afectividad. Nada es más alto para María que la maternidad divina; nada es más grande para José que cumplir su misión de padre del Mesías. Como escribió san Juan Pablo II en su exhortación apostólica Redemptoris custos, 19: «¿No hay que pensar que el amor de Dios, derramado en el corazón del hombre por el Espíritu Santo (cf. Rm 5, 5), configura de la manera más perfecta todo amor humano? (…) La profundidad de esta intimidad, la intensidad espiritual de la unión y del contacto entre las personas —del hombre y de la mujer— proceden en definitiva del Espíritu, que da vida (cf. Jn 6, 63). José, obediente al Espíritu, encontró precisamente en él la fuente del amor, de su amor esponsal de hombre, y este amor fue mayor de lo que aquel hombre justo podía esperar según la medida de su corazón humano».

Este 19 de marzo, ...

Jean Michel Amouriaux, c.j.m.

19 de marzo de 2021

San José, espejo de obediencia

Una de las grandes cualidades de José fue su obediencia. No es una palabra fácil de utilizar hoy, porque la obediencia se percibe de entrada como una limitación de la libertad personal. Sin embargo, la obediencia resplandeció en la vida de José, como en la de María y de Jesús; es una palabra que debemos redescubrir y, más que una palabra, una cualidad que debemos desear y vivir.

La obediencia de José es visible en los evangelios de la infancia de san Mateo y san Lucas. San Lucas insiste en un aspecto de la obediencia de José y María: forman una pareja que observa las costumbres religiosas, respeta la Ley de Dios y procura seguir las prescripciones desarrolladas en el judaísmo, como la circuncisión de Jesús, la purificación de María, la presentación en el Templo o la peregrinación a Jerusalén. Han reconocido lo justo y lo bueno como procedente de Dios y se ajustan a ello. Su obediencia se define por su fidelidad.

Detengámonos un poco más en lo que nos dice san Mateo. En los dos primeros capítulos de su evangelio se habla cuatro veces de un sueño de José. Cuatro veces José acogió las palabras del enviado de Dios y respondió sin demora, actuando en consecuencia. Así, cuando ve que su esposa está encinta y decide poner fin a esta primera etapa del matrimonio, escucha la voz del ángel que le indica que no debe temer, sino continuar con su proyecto matrimonial, porque el niño engendrado viene del Espíritu de Dios. El enviado de Dios no le dice «debes», sino «no temas». Es interesante: el ángel parte del sentimiento que habita en el corazón de José para llevarlo a otra actitud, la confianza. Como dice el papa Francisco: «Gracias a la obediencia, José supera su drama y salva a María». José escuchó, acogió otra manera de entender lo que sucedía en su vida y dio su asentimiento. Ese es el camino de la obediencia en un corazón humano.

También vemos la obediencia de José en la partida de la Sagrada Familia a Egipto y en su regreso. En sus sueños, José percibe la voz del ángel y la sigue. Parece acostumbrado a escuchar esa voz y a seguirla. Algunos dirán que tuvo mucha suerte al recibir tales visitas de un ángel. Pero ¿qué ocurre en realidad? En el secreto del corazón, lo que llamaríamos la conciencia, José percibe una moción interior y reconoce que viene de Dios. Si se habla de un sueño y no de una visión, es precisamente para insistir en el carácter interior de lo que le sucede. Como dice Juan Eudes: «Te saludamos, José, fiel al silencio interior». José no está preocupado por mil cosas; permanece en esa paz del alma que le permite acoger los acontecimientos y las mociones interiores del Espíritu de Dios. Su obediencia se ha convertido en una disposición interior, sin mostrar agitación ni siquiera en los acontecimientos dramáticos. Le da una forma de seguridad, hasta el punto de tomar al niño y a su madre en plena noche para huir de un peligro que se acerca o para regresar a su casa.

Aquí interviene el cuarto sueño de José, con esta precisión del evangelio: «Tuvo miedo de ir a Judea. Advertido en sueños, se retiró a Galilea». En este caso, el miedo precedió al sueño, para decirnos que sin esta escucha interior, aunque la intuición sea acertada, no hay paz, sino miedo. José escucha una palabra que lo alcanza en su miedo, sigue lo que ha percibido y se retira entonces a Nazaret, en paz.

La obediencia es una escucha interior. Conocemos la imagen de José durmiendo, una estatua que el papa Francisco aprecia. Es una manera de expresar la importancia de la escucha interior. Si dedicáramos más tiempo a escuchar lo que ocurre en nuestro corazón, sin duda podríamos percibir mejor cómo conducir nuestra vida. Esto supone la otra actitud que Juan Eudes subraya en la misma salutación: la humildad. Es una condición previa: reconocerse humilde ante la realidad que hay que vivir y esperar una luz que no poseemos. La oración es esta escucha; es el verdadero momento de la obediencia, a imagen de san José. ...

Jean Michel Amouriaux, c.j.m.

18 de junio de 2021

¿Qué dice san Juan Eudes sobre san José?

San Juan Eudes es uno de los autores que más desarrolló una doctrina espiritual sobre san José, y este año dedicado a san José por el papa Francisco nos ofrece la oportunidad de darlo a conocer mejor y beneficiarnos de la riqueza de su enseñanza. San Juan Eudes nos abre horizontes, especialmente en dos puntos:

1) Comprender mejor el sentido de la encarnación: cuando decimos que Jesús es la Palabra de Dios hecha carne, vino a compartir nuestra condición humana.
2) Percibir más profundamente la relación que tuvo con la Virgen María y la que nosotros podemos tener con ella. En ambos casos, José es un testigo privilegiado para iluminar nuestra propia vida.

En el siglo XVII, el siglo de Juan Eudes (1601-1680), san José es, en cierto modo, redescubierto. Todos los predicadores y maestros espirituales proponen un mismo camino de fe: conocer mejor la vida de Jesús de Nazaret para descubrir el rostro de Dios, pues la puerta para ir a Dios es la vida histórica de Jesús. Todo lo que permite conocer mejor esta vida de Jesús nos abre al conocimiento de Dios. Así, su infancia nos revela el rostro de Dios, y esto concierne a José, de quien hablan los evangelios precisamente en torno al nacimiento y la infancia de Cristo.

En 1621, por decisión del papa Gregorio XV, la fiesta de san José se hace obligatoria. Desde entonces son innumerables los lugares dedicados a san José o a la Sagrada Familia, como la propia Congregación de los Eudistas, el 22 de enero de 1644, pocos meses después de su fundación.

Los primeros biógrafos de san Juan Eudes cuentan que «sentía gran afecto» por san José, tanto por lo que percibía en José el Justo, en sus cualidades y actitudes, como por haber experimentado que la intercesión del guardián de la Sagrada Familia era real y poderosa. El jesuita Jean-Joseph Surin, una gran figura de la misma época, escribió en una carta que «san José se había convertido en el patrono de todas las grandes almas de este siglo». Juan Eudes encontró especialmente en san José un modelo de relación con la Virgen María; volveremos sobre ello.

Detengámonos en un punto: ¿por qué dirigirnos a los santos? Como se suele decir, es mejor dirigirse a Dios que a sus santos. ¡No es eso lo que nos dice Juan Eudes! Para él, resulta evidente que la Iglesia es un cuerpo compuesto por innumerables miembros, los discípulos. Todos están unidos a Jesús y entre sí, y el mismo Espíritu anima al conjunto. Entre estos miembros estamos quienes vivimos en la tierra y todos los que nos han precedido, especialmente los santos. Podemos entrar en relación con ellos, como escribe Juan Eudes en su primer gran libro, Vida y Reino de Jesús en las almas cristianas: debemos adorar a Jesús en ellos, él lo es todo en ellos, y les agradecemos todo el honor y el amor que han dado a Jesús. Les pedimos que nos hagan partícipes de ese mismo amor, de todo lo que animó su vida. Sin esta visión, nos quedamos en una devoción superficial.

Por la importancia de la vida de Jesús, Juan Eudes insiste en que los discípulos de Jesús tengan una relación viva con —cito— «los santos y las santas que conversaron con Nuestro Señor en la tierra» (OC I, 345). Es decir, quienes vieron y escucharon a Jesús, como dice san Juan, quienes tocaron al Verbo de Vida. Y entre ellos, María y José en primer lugar.

Escuchemos y recemos la salutación compuesta por Juan Eudes; habla por sí misma:

Te saludo, José, imagen de Dios Padre
Te saludo, José, padre de Dios Hijo
Te saludo, José, santuario del Espíritu Santo
Te saludo, José, amado de la Santísima Trinidad
Te saludo, José, esposo dignísimo de la Virgen Madre
Te saludo, José, padre de todos los fieles
Te saludo, José, fiel observador del silencio sagrado
Te saludo, José, amante de la santa pobreza
Te saludo, José, modelo de dulzura y paciencia
Te saludo, José, espejo de humildad y obediencia
Bendito eres entre todos los hombres
Y benditos sean tus ojos, que vieron lo que viste
Y benditos sean tus oídos, que escucharon lo que escuchaste
Y benditas sean tus manos, que tocaron al Verbo hecho carne
Y benditos sean tus brazos, que llevaron a quien sostiene todas las cosas
Y bendito sea tu corazón, abrasado por él en el más ardiente amor
Y bendito sea el Padre Eterno, que te eligió
Y bendito sea el Hijo, que te amó
Y bendito sea el Espíritu Santo, que te santificó
Y bendita sea María, tu esposa, que te amó como esposo y como hermano
Y benditos sean por siempre todos los que te aman y te bendicen.

Jean-Michel Amouriaux, c.j.m.

19 de enero de 2021

San Juan Eudes y la devoción a san José

Del 8 de diciembre de 2020 al 8 de diciembre de 2021 se celebra el Año de San José, según el deseo del papa Francisco. Su carta apostólica, titulada Patris Corde, tiene como objetivo hacer crecer el amor a este gran santo, impulsarnos a implorar su intercesión y animarnos a imitar sus virtudes y su entrega. «La grandeza de san José —escribe— reside en que fue el esposo de María y el padre adoptivo de Jesús». Por eso el papa nos lo presenta como un padre amado, un padre en la ternura, un padre en la obediencia, un padre en la acogida, un padre de valentía creativa, un padre trabajador y un padre en la sombra.

Es una alegría que, en su piedad y su enseñanza, san Juan Eudes nos haya legado un «tesoro» espiritual que también nos invita «a hacer crecer el amor a este santo, a implorar su intercesión y a imitar sus virtudes y su entrega». La Salutación a San José, las letanías y las múltiples oraciones que nos enseñó siguen siendo un patrimonio que debemos redescubrir y profundizar.

Es muy interesante encontrar en Internet diversos artículos que hacen referencia a la Salutación a San José compuesta por san Juan Eudes. Sin embargo, gracias al minucioso trabajo del padre Jean-Rémi Côté, tenemos acceso a la Biblioteca Eudista Virtual, donde podemos encontrar el notable estudio de nuestro hermano Charles Plomet, publicado en Montreal en 1982 en los Cahiers de Joséphologie. Somos herederos y depositarios de tesoros demasiado a menudo relegados al olvido. La mirada admirativa de nuestro fundador sobre las espléndidas realidades que revelan la persona y el papel único de san José puede acompañarnos no solo durante este año, sino a lo largo de toda nuestra vida.
San Juan Eudes deja que desborden la alegría de su corazón, su alabanza y su amor al contemplar este «misterio» de José dentro del de Jesús y María. A partir de algunos párrafos del estudio del padre Plomet, podemos «bendecir» al Señor por habernos dado un hermano que acogió tan plenamente esta maravillosa espiritualidad. Las líneas siguientes proceden principalmente de dicho estudio.

La salutación «Ave Joseph»

Con sus doce salutaciones y doce bendiciones, esta oración tiene un sabor bíblico. San José es honrado por sus relaciones privilegiadas con las tres Personas divinas: refleja en el tiempo al Padre eterno; es el padre legal del Hijo, a quien ama, alimenta y protege; el Espíritu Santo hace de él y de su casa un lugar sagrado que contiene un tesoro.

Hombre justo, José no deja de cooperar en el misterio de la salvación: es un colaborador en la fe, cabeza de la Sagrada Familia, esposo de la Virgen María y protector de toda la asamblea de los creyentes, especialmente de los hombres y mujeres consagrados a Dios. San Juan Eudes alaba el silencio y la pobreza de José. Incluso ante las acciones inesperadas y admirables de Dios, José es «silencioso»: no habla. Juan Eudes destaca las cualidades que contempla en el corazón de Jesús y de María: dulzura, paciencia, humildad y obediencia. San José las refleja; su conducta personal nos las propone como ejemplo. En 1956, el padre Émile Legault, c.s.c., llegó a titular «El gran atento» su inolvidable representación popular en honor de san José.

Por su relación con la infancia de Jesús, siguiendo a los místicos de su tiempo, en especial a san Bernardino de Siena y a san Francisco de Sales, san Juan Eudes bendice a Dios con una ternura llena de admiración por todo el ser de san José.

«Imagen de Dios Padre, padre adoptivo de Dios Hijo, templo del Espíritu Santo», José es amado por la Santísima Trinidad. Colaborador fiel en el plan de Dios, esposo dignísimo de la Virgen María, José es padre de todos los fieles, guardián de las vírgenes consagradas a Dios, fiel al silencio interior, amigo de la santa pobreza, ejemplo de dulzura y paciencia y el hombre bendito entre todos los hombres.

San Juan Eudes no duda en bendecir a Dios por todo lo que vieron los ojos de José, por todo lo que escucharon sus oídos, por sus manos que tocaron al Verbo encarnado, por sus brazos que llevaron a quien sostiene el mundo, por su pecho sobre el que descansó el Hijo de Dios y por su corazón abrasado de amor por él. A imagen de la Trinidad celestial del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, san Juan Eudes recuerda la «Trinidad terrenal» formada por la comunidad de María, Jesús y José: bendice al Padre eterno que lo eligió, al Hijo que lo amó y al Espíritu Santo que lo santificó. Saluda a María, su esposa, que lo amó como esposo y como hermano, al ángel que lo protegió y a todos los que lo bendicen y lo aman.

Las letanías

San Juan Eudes escribió diversas oraciones en latín en forma de letanías. Como las vidrieras de las iglesias y catedrales, estas letanías ofrecen una lectura de la historia sagrada, un reflejo de la revelación bíblica. Era una manera hábil de evangelizar al Pueblo de Dios, que no conocía las traducciones bíblicas en sus propias lenguas ni las ventajas de Internet y las redes sociales. Así llegaba a miles y miles de personas pobres o que no sabían leer y no tenían acceso a las publicaciones. San Juan Eudes retoma títulos de la salutación Ave Joseph, añade otros y los examina con mayor detalle. Los toma principalmente de los relatos de la infancia de Cristo e inventa metáforas poéticas para expresar las virtudes del santo y encomendar a su protección a distintos grupos de personas: los pobres, los afligidos, los trabajadores, los peregrinos, los sacerdotes y los fieles.

Los Santos Corazones

Habría sido sorprendente que san Juan Eudes —declarado por la Iglesia «padre, doctor y apóstol de la devoción litúrgica a los santos corazones de Jesús y María»— no hubiera asociado a san José con esta devoción. Así como había adorado a Jesús reinando en el Corazón de María, en 1652 san Juan Eudes modificó la antífona de maitines propuesta a la diócesis de París para la fiesta de san José con estas palabras: «Venid, adoremos a Jesús reinando en el Corazón de José». Para san Juan Eudes, José no puede separarse de Jesús y María. Presta una atención piadosa y respetuosa a san José, ante todo como el santo predilecto del Corazón de María. Ella sentía por él los afectos más delicados; juntos vivieron horas difíciles, pero también alegrías únicas. La presencia de Jesús transformaba cada vez más sus corazones y, con aquel que es la fuente de todo Amor, ya no formaban más que un solo Corazón.

San Juan Eudes reza así a san José: «Oh gran Santo, te ofrecemos nuestros corazones; únelos al tuyo y al de Jesús y María, pidiéndoles que hagan esta unión inviolable y eterna».

San Juan Eudes no compuso un tratado de la devoción a san José. Meditando, viviendo y predicando el misterio de Jesucristo que forma su cuerpo místico, descubre en él a Jesús y a los santos en Jesús. El lugar privilegiado de la Santísima Virgen entre ellos lo lleva a distinguir junto a ella a su esposo José. Porque el papel de este Justo respecto a María y al niño Jesús, en el designio de la Santísima Trinidad, es primordial: servidor fiel y prudente a quien Dios constituyó administrador de su casa, padre nutricio de su Hijo, auxiliar fidelísimo y gran consejero en esta tierra. «Oh bienaventurado José y todos los Santos de Jesús, especialmente los amados del Corazón de Jesús y de María, amad a Jesús y María por mí, y rogadles que me hagan según su Corazón, que me cuenten entre los hijos de su Corazón y que me asocien al amor que les tenéis eternamente».

+ François Thibodeau, c.j.m.
13 de diciembre de 2020